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Tumores Cutáneos (Melanoma)

Existen dos tipos de cáncer de piel, los melanocíticos (melanoma) y los no melanocíticos (basocelular y epidermoide). El comportamiento de cada uno de ellos es muy diferente, los melanocíticos son agresivos mientras que los no melanocíticos no lo son tanto.

La sintomatología más común para diagnosticar este tipo de lesiones son los cambios en su aspecto del tipo de prurito (picor), sangrado, cambio de coloración, crecimiento rápido, descamación en su superficie… Ante una circunstancia de este tipo esta lesión debe ser valorada por un médico.

 

Tumores no melanocíticos

Son fundamentalmente dos, basocelular y epidermoide o espinocelular. Este tipo de tumores son de un crecimiento lento aunque sean un tipo de cáncer. Estas lesiones tienen muy poca capacidad de metastatizar a distancia. El problema de éstas es que crecen en superficie, es decir, alrededor de su situación invadiendo las estructuras próximas. Aunque su crecimiento sea lento, un descuido en su tratamiento de estos puede derivar en que el procedimiento tenga que ser más agresivo.

Para eliminar estas lesiones se deben dejar unos márgenes, mínimo 2 mm en toda su periferia. Y, por ello, tan impotante como quitar la lesión es saber y poder cerrarla. En ocasiones no se pueden aproximar los bordes de las incisiones realizadas y por ello se necesitan colgajos de piel de sus proximidades (colgajos de rotación) o incluso piel de una zona distante (injerto).

 

Tumores melanocíticos – Melanoma

Este tipo de cáncer deriva de los melanocitos, las células responsables de la coloración de nuestra piel. Por ello, este tipo de lesiones suelen ser lesiones pigmentadas con cambios en su coloración, aspecto, bordes, …

El aspecto más negativo del melanoma es su agresividad. Por ello, los márgenes que deben eliminarse junto a la lesión son superiores a los de los anteriores pudiendo llegar a ser de 2 cm. Por todo, este tipo de lesiones requiere de un buen manejo de los tejidos por parte de su especialista pues es muy importante eliminar la lesión y los tejidos circundantes en su totalidad.

En ocasiones, en función de la profundidad del melanoma estará indicado la biopsia del ganglio centinela para saber si este melanoma ha alcanzado los ganglios linfáticos o no. Esta prueba no es terapeutica pero si diagnóstica para saber ante qué tipo de tumor nos encontramos y poder individualizar mejor el tratamiento y pronóstico.

 

 

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